domingo, 3 de julio de 2022

Ya no empujo cuerdas


Son las 12:21 de la noche. Acabo de sentarme en el sofá con una chocolatina, con el portatil, después de haber limpiado el salón y el baño. Acabo de terminar un curso intensivo de un mes y medio en el que no tenia tiempo ni de respirar. Esto me ha enseñado que soy como un caballo al que pones a correr a toda mecha, no baja nunca la velocidad pero morirá en cuanto se pare. 

No quiero volver a escuchar decir a nadie que no tiene tiempo. He realizado cursos de gestión del tiempo y cuento los minutos que tardo en limpiar mi salón para poder planificarlo en la agenda... también me pongo notificaciones para hacer la compra o limpiar las jaulas de mis animales. 

No puedo esperar a ver la suciedad delante de mi porque literalmente no tengo tiempo de mirarla. Paso por los días como gira un vinilo en el tocadiscos, empujando la aguja para que a veces suene una melodía distinta. 

A pesar de todo lo dificil que es trabajar a tiempo completo, sola con los dos niños, llevando mi casa y estudiando al mismo tiempo, me siento fuerte, útil, inteligente, capaz... me siento porque lo soy, y entre tú y yo no hay mucha diferencia si no tienes más taras que con las que yo cargo. 

Hoy no me enfadé con mi hijo por querer poner la cinta de los separadores de fila en Carrefour. Ya no me molesta su obsesión con el orden y las líneas rectas. Por fin lo entiendo, porque estando muy abajo pude sentarme a su lado y sentirme como él se siente. Caos, desorden mental, incertidumbre, pánico. Y cuando peor estamos menos hacemos y más necesitamos que todo esté perfectamente hecho. 

Así que si Jay quiere ordenar significa que todo va bien, que le da paz, y me importa un comino si a alguien le molesta que mi hijo ponga todas las etiquetas de los champús hacia afuera o si cambia unos cuantos carros de una fila para ponerlos en otra. 

Han tomado batidos naturales, comido puré y agradecido mi compañía. Estoy aprendiendo a ser, a estar, a sentir y vivir mejor. 

Y si Eliana quiere dormir alguna noche conmigo dormirá. Y si tengo que leerle un cuento a las 11:30 lo haré. Y si me dice que quiere merendar pepinos con aguacate me va a parecer perfecto... y si no también. 

Quizás, solo quizás, esté entrando en una nueva etapa en mi vida que más que de aceptación al cambio sea de dejar de empujar al progreso y dejarme fluir por la vida, aunque lo único que cambie sea yo, que no es poco. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿Cómo es posible?

 Un día me pregunté cómo alguien era capaz de encargarse de otra vida a la misma vez que seguir viviendo la suya, y me convertí en mamá.  De...