Mi aquí es que tengo 30 años, soy originaria de la isla en la bahía de Cádiz y vivo en Canadá con mi marido y mi hijo de 5 años con TEA y mi hija de 3 a la que no sé cómo explicarle que su hermano es diferente.
Duró año y medio después del diagnóstico y murió sin poder hablar ni casi caminar y en ese año y medio intentamos salvarle con terapia alternativa ya que en la medicina tradicional decían que no tenía cura.
Acabamos en un viaje de un mes y medio en honduras, tratándolo en un centro holístico llamado "Usha Village" cuya filosofía era la dieta alcalina y las dos últimas semanas en Miami viendo a un chino que ejercía por caridad MTC (medicina tradicional china) basado en la macrobiótica.
Y yo mientras buscando información a ver
lo que le estaban haciendo al hombre y a empaparme de conocimientos que jamás
pensé que tendría. Al final nos dimos cuenta de que hay gente que simplemente
no quiere que les ayudes y no hay nada que puedas hacer.
Año y medio en los que he sido enfermera y
psicóloga de mi suegro que murió sin habla 9 meses y dos semanas antes de que
yo diera a luz a un varón que nunca lloraba y posteriormente tendría problemas del habla.
Llevamos casi 6 años deshaciéndonos a un
precio casi absurdo de todas las antigüedades de mi suegro, que acumulaba cosas
porque “desde que llegó Ikea ya no están de moda las antigüedades, aunque algún
día la moda volverá”, decía el que me enseñó que la
inteligencia puede hacerte ganar mucho dinero y cómo ganar casi siempre invirtiendo
en inmuebles. Y ésta es básicamente la causa por la que desde 2011 me habré
mudado unas 8 veces (nunca juguéis conmigo a tetrix).
Algunas veces me siento diferente al resto
de la gente, como cuando me escribo FOCUS en la muñeca izquierda para
mantenerme enfocada mientras hago algún proyecto o cuando entro en el “flow
creativo”(cuando me llaman las musas) y soy incapaz de hacer que mis ideas
dejen de fluir.
Quizás no todo el mundo se dibuja en los
brazos cuando se estresa o se dispersa un poco, pero todos nos sentimos
diferentes algunas veces y curiosamente eso es lo que nos hace más normales.
Estando en Canadá he recibido la noticia y
he seguido con angustia la operación de mi madre y mi padre de cáncer (no a la
vez) y sinceramente no hay manera más grande de aprender el valor que tiene
alguien para ti en la vida que casi perderlo; las mejores enseñanzas son sin
duda las que más duelen. Y porque adoro el rincón del mundo donde nací y amo a
mi familia es por lo que desde 2011 hemos estado yendo dos veces al año.
He aprendido mucho, muchísimo; sobre el
TDAH que pienso que tengo, sobre el autismo de mi hijo, sobre cáncer,
enfermedades neurodegenerativas, terapias alternativas, psicología… pero
tenerlo todo controlado no evitó que fuese yo quien perdía el control por la
decepción hacia mi propia vida provocada por mis propias expectativas.
Es posible que esté un poco loca pero
quien no lo esté aún no ha vivido o visto suficiente.
Llega un momento en el que te das cuenta
de que un día te puedes morir sin previo aviso y te habrían quedado cosas por
decir.
Si pudiese pedir un deseo aquí y ahora
para el resto de la humanidad, sería que se sintiesen en paz. Lo bueno que
tiene este sentimiento es que la única forma de contagiarlo es sentirlo, eso lo
aprendí de mi hijo.
Hoy he sentido paz, después de mucho
tiempo provocándome tormenta. Me he dado cuenta de que cuando sientes paz el
pecho ya no te oprime el corazón y late libremente. Lo que me ha dado hoy esa
paz ha sido recordar que cada decisión buena me ha traído felicidad y cada
momento malo me ha servido para empezar a valorar más las victorias de la vida.
He llegado hasta aquí siendo yo y a pesar de no tener una carrera universitaria ni un buen trabajo me alegro de sentir que no he cumplido años en valde.
Mi historia ha sido y sigue siendo dura
pero es la hostia.
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